Pedro de Valdivia

Nació en Villanueva de la Serena, en la Provincia de Badajoz, Extremadura en 1497, proveniente de una familia de Hidalgos, con un rico pasado militar. En 1520 toma el camino de las Armas y participa en la guerra de las Comunidades, prestando, luego, servicios al Emperador Carlos I de España, destacándose su participación en la Batalla de Pavía. Será también partícipe de las Campañas de Flandes, Países Bajos e Italia.

En 1525, Don Pedro de Valdivia contrae matrimonio con Doña Marina Ortiz de Gaete, pero 5 años mas tarde se embarca, formando parte de la expedición de Jerónimo de Ortal, rumbo hacia el Nuevo Mundo. Aquella será la última vez que el Héroe verá a su Esposa.

Ya en América, Don Pedro de Valdivia participa en la conquista de Venezuela, y en 1538 se enrola en las fuerzas de Francisco Pizarro, quien libraba una guerra civil en contra de Diego de Almagro en el Perú, acto que le otorgará reconocimiento militar y tierras, las Minas del Porco y el Valle de Canela.

A fines de 1538, Don Pedro de Valdivia y algunos comerciantes piden autorización a Francisco Pizarro de viajar al sur del Perú, hacia unas tierras descubiertas anteriormente por Diego de Almagro que los incas llamaban “Chili”. Recibe la autorización en abril de 1539, bajo el nombramiento de Teniente de Gobernador con permiso para conquistar las tierras de Chile, solo que él mismo debía subvencionar la Expedición. La mala fortuna de la Campaña de Almagro otorgó mala fama al nombre de estas tierras, por lo que Don Pedro de Valdivia debió partir con una pequeña comitiva de unos once soldados, una criada (Inés de Suárez, quien posteriormente sería su amante) y aproximadamente mil indios. Don Pedro de Valdivia tenía en claro que, aunque infames y temidas, las tierras de Chile escondían riquezas agrícolas y estratégicas, por lo que establecerse allí era un riesgo que bien valdría la pena.

1540 fue el año en que Don Pedro de Valdivia, once Soldados, una criada y unos mil indios yanaconas tomaron la senda que Almagro usó en su regreso, Arequipa, Moquegua, Tacna para acampar en la quebrada de Tarapacá. En su marcha por el Altiplano se regó por los sectores la noticia de su Campaña, la que llegó a oídos de otros españoles errantes que se unieron a su Causa, sumando al final un total de 110 peninsulares. Sorteando conspiraciones he intentos de asesinato, llega Don Pedro de Valdivia a “Copayapo” (Copiapó), nombrándola solemnemente en nombre del Rey “Nueva Extremadura”. En el Valle del Aconcagua frena un levantamiento del Cacique Michimalonco, y retoma la ruta demarcada por Almagro, y al retomar la marcha, más al sur, haya un amplio terreno, flanqueado por la Cordillera de los Andes y un río llamado “Mapuchuco” (Mapocho), el cual se dividía por un cerro al que bautizó Cerro San Cristóbal. Fue en este sector donde Don Pedro de Valdivia asienta su campamento, donde más tarde, el 12 de febrero de 1541, a los pies del Cerro Santa Lucía y entre los brazos del Río Mapocho fundaría la Ciudad del Apóstol Santiago de Nueva Extremadura. De inmediato se formó un Cabildo que, previendo ciertos conflictos y puntos estratégicos, otorgó a Don Pedro de Valdivia el título de Gobernador y Capitán General en nombre del Rey el 11 de junio de 1541. Los primeros años fueron duros, y a esto se sumó el ataque de Michimalonco y una turba de 8000 indios a la naciente Ciudad, el 11 de septiembre de 1541. La Colonia quedó reducida a cenizas, y no fue sino hasta el 20 de diciembre de 1543 que Don Pedro de Valdivia logró sacarla de las precarias condiciones en las que se hallaban.

En febrero de 1544 emprende una campaña a profundidad en el Sur de Chile, periodo en el que los enfrentamientos se hicieron más constantes, y una noche, mientras acampaba en Quilicura, fue sorprendido por una horda indígena de la cual se salió victorioso a duras penas. Allí se inició la llamada Guerra de Arauco.

Posteriormente, y tras resolver algunos resquicios legales y de justificar sus cargos y títulos en el Perú, y de recuperarse de una malaria benigna que contrajo en Arica a su regreso, en enero de 1549 se encuentra con la Colonia de La Serena en ruinas, donde deja instrucciones y se dispone a regresar a Santiago, a la cual arriba en el mes de abril, siendo recibido con profunda alegría por los colonos.

En 1550, Don Pedro de Valdivia inicia una nueva campaña, retomando la ruta que había dejado tres años atrás, y en las cercanías del Río Andalién, el 22 de febrero, formó un campamento, que se vio asediado por una horda de 10000 indios. Se dio lugar una batalla en la calló muerto el Cacique Michimalonco. Estuvo todo aquel año en el fuerte de Penco, lo que acabaría con la fundación de Concepción de Nueva Extremadura, el tercer poblado más importante luego de Santiago y La Serena.

En abril de 1552, retorna a un fuerte previamente erigido y funda la Ciudad de La Imperial. Fue en estos instantes, que su paje, el indio Lautaro, se escapa y se reúne con los suyos. Siguiendo con su campaña, se interna más hacia la Cordillera, y a orillas de un gran lago, funda la Ciudad de Villarrica. Terminando con este avance, el Conquistador llega al Golfo de Reloncaví y divisa la Isla de Chiloé, el punto más lejano al que llegará en su travesía.

Valdivia instruyó a Gerónimo de Alderete a viajar a España encargándole confirmar por real cédula su nombramiento, entregar el Quinto Real y traer a su esposa Marina Ortíz de Gaete.

Funda Don Pedro de Valdivia, en el verano de 1553, los fuertes de Tucapel, Arauco y Purén y establece los cimientos de la quinta y última ciudad fundada por el conquistador, Los Confines de Angol, en las cercanías de los fuertes ya mencionados.

Los levantamientos indígenas recrudecen y, gracias al conocimiento otorgado por Lautaro, sus tácticas militares mejoran enormemente, poniendo en grave riesgo el futuro de la colonia.

Don Pedro de Valdivia, personalmente al mando, salió con 50 jinetes mas auxiliares desde Concepción el 23 de diciembre de 1553, bajo un ardid ideado por Lautaro, en demanda del fuerte de Tucapel. El día de navidad de 1553, se pone temprano en marcha y al llegar a las inmediaciones de la loma de Tucapel, haya el Fuerte en ruinas y sus pobladores desaparecidos, incluyendo a los emisarios que había enviado posteriormente. Los hombres hacen campamento en las ruinas humeantes del fuerte y cuando ya avanzaban los preparativos, de súbito el bosque se llenó de ruidos, y sin más aviso, una masa bien encuadrada de indígenas se precipitó hacia el enclave español. Valdivia, experto y probado militar, apenas pudo armar sus líneas defensivas y aguantar el primer choque, mientras la caballería cargaba sobre la retaguardia del enemigo, los mapuches ya previstos de esta maniobra dispusieron lanceros y contuvieron la carga. Con mucho valor y resolución los españoles lograron descomponer la carga mapuche, los que, tras sufrir cuantiosas bajas, decidieron replegarse, pero, para sorpresa de los españoles, cuando apenas bajaban las espadas, apareció un nuevo escuadrón indígena presentándose al Combate, estrategia que repitieron una vez más, esta vez con Lautaro a la cabeza. En un momento de la lucha, Valdivia viendo muy comprometida la situación, se dirige a quienes aun le rodean y les dice:-”¿Caballeros, qué haremos?”-. El capitán Altamirano responde:-”¡Qué quiere vuestra señoría que hagamos si no que peleemos y muramos!”-. Valdivia, al ver perdida la batalla, dispuso la retirada, pero fue el propio Lautaro el que cayó por el flanco produciendo el desbande. Era justo lo que Valdivia no deseaba y los indios se dejaron caer uno a uno de los españoles aislados. Sólo Valdivia y el clérigo Pozo que montaban muy buenos caballos lograron tomar camino de huida. Pero al cruzar unas ciénagas, los caballos se empantanaron y los indios les capturaron. Don Pedro de Valdivia fue llevado al campo mapuche, donde le sometieron a tres días de atroces torturas, amputándole sus miembros en vida, arrancándole la piel con conchillas afiladas y cercenados trozos de su carne, la cual fue devorada ante sus ojos. Finalmente, un mocetón mapuche le asestó un macanazo en la cabeza, matándole. Ya muerto, le arrancaron el corazón, el cual fue comido con júbilo por los toquis reunidos y su cráneo fue conservado como trofeo y para libar chicha.

En 1608, su cráneo fue devuelto como un gesto de paz por el Cacique Pelantarú. Así concluyó la vida del aventurero conquistador, Don Pedro de Valdivia, orgullo de su Sangre, ejemplo demarcado de su Estirpe y guerrero no igualado jamás. Reconoció con astucia la riqueza del suelo chileno y dejó bien sentados los cimientos de esta Nación. No cabe duda alguna, he aquí el Verdadero Padre de Chile, Padre de nuestra Nación y de la Sangre que corre por nuestras venas.

Blog de WordPress.com.
Entries y comentarios feeds.

A %d blogueros les gusta esto: